SECCION COORDINADA POR JOSE MANUEL NAVARRO SALES. ENFERMERO. SANIDAD EXTERIOR ALICANTE

VIAJES Y SALUD

Ultima Hora – BROTE DE DENGUE EN MADEIRA

Decía Descartes que los viajes son el gran libro del mundo. Conocida es la inquietud del hombre, desde antiguas civilizaciones, por realizar viajes que si en un principio lo fueron por obvios motivos de subsistencia, además de por el siempre presente afán conquistador, también se tienen noticias de que ya los griegos patricios, en el siglo VI a.C. organizaron viajes a balnearios y festivales en el área de influencia helena, siendo frecuente que, desde varias localidades mediterráneas, se desplazaran viajeros para contemplar los Juegos Olímpicos. También el buen diseño de las calzadas romanas colaboró a que se crearan lugares de hospedaje y comida para que los viajeros pudieran efectuar largos recorridos. Obviamente, a pesar de esas excepciones, la mayoría de los viajes que se realizaban continuaban siéndolo por motivos bélicos -para lograr las máximas conquistas posibles- y también por razones comerciales. Se describen importantes travesías por el Océano Índico, de miles de kilómetros, a finales del primer milenio. El mismo océano es testigo de una gran ruta comercial entre los siglos X al XV, realizándose grandes trayectos ayudados por los vientos monzónicos. A finales del siglo XV empieza la expansión europea con los viajes transoceánicos de portugueses y españoles, culminando con la primera vuelta al mundo en 1552. Los viajes que se realizaron en los siglos posteriores (a españoles y portugueses les relevaron holandeses, ingleses y franceses a partir del siglo XVII) sirvieron para ir conociendo la geografía mundial ya con mucha más precisión de lo que se conocía hasta entonces. El establecimiento de las colonias y el triste comercio de esclavos hicieron que los viajes transoceánicos aumentaran considerablemente, sobre todo desde que en 1885 la Conferencia de Berlín consiguió que las potencias europeas llegasen a un acuerdo para el reparto colonial de África.

El británico Thomas Cook fue el precursor de la infraestructura turística que hoy conocemos, ya que desde 1845 organizó desde Londres viajes a Liverpool, Suiza, Italia, Canal de Suez e incluso, en 1890, una vuelta al mundo con escalas en EEUU, Japón, China, Singapur, India y Egipto. La empresa se mantuvo hasta 1972 con gran éxito, siendo adquirida en ese año por una multinacional. La llegada del ferrocarril, el automóvil y, sobre todo, el avión, junto al avance tecnológico, en parte promovido por las dos guerras mundiales, han dado como resultado que el turismo sea la segunda industria más importante del mundo, dando empleo en la actualidad a 127 millones de personas y con un dato curioso y es que el crecimiento turístico no se ha visto nunca afectado en tiempos de recesión económica.
En 2000 se produjeron 673 millones de desplazamientos, estimándose que el crecimiento sería en torno al 3-4 % anual, con lo que en 2010 serán 1046 millones de desplazamientos -previéndose que entonces el turismo sea el primer sector de la economía mundial-, y en 2020, 1602 millones de desplazamientos.

Por lo tanto, es un hecho constatado que, en consonancia con la evolución propia del mundo moderno, el aumento de la movilidad poblacional es un fenómeno importantísimo. Por diferentes motivos, millones de seres humanos viajan continuamente realizando amplísimos desplazamientos, utilizando para ello cortos periodos de tiempo. Una amplia proporción de estos viajeros eligen como destino, por unas causas u otras, países en vías de desarrollo donde, por sus características específicas, el riesgo de contraer diversas enfermedades es muy elevado. Obviamente no todos los viajeros asumen los mismos riesgos, dependiendo de muchos y muy variados matices y siendo necesario realizar un estudio detallado de cada una de las personas que realizan un viaje internacional para minimizar al máximo cualquier riesgo de enfermedad que pueda suponer su desplazamiento.

Es tarea básica de los profesionales sanitarios especializados informar de manera precisa y detallada al paciente que requiere información sobre su próximo viaje. Son muchos los matices que han de quedar claros para evitar riesgos, desde la aplicación y/o recomendación de las vacunas convenientes, hasta los consejos sobre los riesgos no infecciosos como las quemaduras o el mal de altura, pasando por la prescripción, si procede, de la pauta antipalúdica más idónea, o los consejos para evitar posibles enfermedades de transmisión sexual o las de transmisión fecal-oral o las transmitidas por artrópodos y haciendo especial hincapié en las personas que padezcan enfermedades crónicas, en los pacientes con situaciones especiales, en los ancianos y en los niños. Es una labor clara y precisa de educación sanitaria.

Los Centros de Vacunación Internacional dependientes del Ministerio de Sanidad y Consumo y ubicados en la mayoría de las capitales de provincia españolas, creados para esta labor, disponen del material humano y técnico necesario para cumplir con esta importantísima misión para que el viajero pueda realizar con amplísimas garantías este tipo de viaje que, de otra manera, podría ocasionarle gravísimos problemas de salud. Es en estas dependencias donde los viajeros requieren atención sanitaria para su inminente viaje, y cuando siguen los consejos que los profesionales les pautan, la posibilidad de contraer enfermedad es infinitamente inferior que cuando se infravaloran estos consejos o no se acude al Centro de Vacunación Internacional o, cuanto menos, a cualquier otro centro sanitario.

Aunque es una práctica que se ha ido observando en descenso, se tiene constancia de que un elevado porcentaje de viajeros que se desplazan a países donde el riesgo de contraer enfermedad es muy alto, no realizan consulta médica ni siquiera a su médico de Atención Primaria. Hemos de tener en cuenta que la obligatoriedad de vacunación se da en zonas muy concretas. Así, la vacunación contra la Fiebre Amarilla sólo es obligatoria en algunos países del África subsahariana. Otra vacunación exigible es la Meningitis Meningocócica, pero sólo en Arabia Saudí, país al que en la época de peregrinación (Hadj) acuden millones de viajeros de todo el mundo, produciéndose situaciones de hacinamiento.

Por tanto, es frecuente la confusión a consecuencia de la expresión muy frecuente “no hace falta nada” cuando en realidad la frase correcta debería ser “no hay nada obligatorio, pero puede haberlo aconsejable”. El primer concepto es, a nuestro juicio, el causante de que un importante número de viajeros realicen su periplo sin la más mínima protección sanitaria y, lo que es peor, desconocedores de esta indefensión.